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La Txosna

2001: War: game over.

 

Los marcianitos de los videojuegos; collage de acciones directas noviolentas; Darth Vader como jefe galáctico de la OTAN... decoración contra la guerra bajo nuestros toldos magenta y amarillo.


Nuestras comidas se vuelven multitudinarias. Es que cocinamos de high level. Y no sólo para nosotros. Empezamos a concursar, y ganar, en el gastronómico. Gora Astrabu!


La txufi, en su primera versión, entra en escena como nuevo icono de fiesta y espectáculo.

2000: Kaskulore: símbolo del antimilitarismo.

 

Varios meses de sesudas reuniones para parir un diseño de txosna en la que aunamos trasparencia interior (nos vemos desde cualquier punto), cocina como eje vertebrador (entramos y salimos por ella), espacio propio para vida interna (txoko con mesa de maquillaje y espejo) y una barra en perfectas condiciones (sobre todo para poder bailar mucha gente).


Nos venimos arriba: año de muchos momentos mágicos y ya somos hermanos-hermanos de los de la Pinpi.


Nuestra txosna de los 2 cubos tiene ya nuestros colores de para siempre: amarillo y magenta. Aparece también el Kaskulore como símbolo de Sinkuartel, que nos acompaña desde entonces en nuestras pegatinas y camisetas.


Un elemento, saltimbanqui, recorre, cual Burt Lancaster, todos los recovecos de nuestra estructura de andamios al ritmo de Aretha Franklin. Sólo puede él. De momento.

1999: Marionetas de la muerte.

 

Una gran calavera manejando marionetas de militares y otros poderosos personajes imponía su imagen en la decoración de este año. La denuncia de la guerra y sus preparativos con la muerte y la destrucción como testimonio.


Este año erramos en el diseño de la txosna. Además de atractiva e impactante debía ser operativa. Cosa que no hicimos. Fue nuestro "annus horribilis".


Aprendimos la lección, como se verá...

1998: Proa a babor, proa a estribor.

 

Dos proas de dos barcos, el acorazado Duque de Feria y el barco pirata insumiso, conformaban la barras de nuestra txosna. Sí, una maravilla de diseño y el horror para los turnos de barra. Pero todo se compensaba con los bailoteos dentro, y encima, de la barra. Y es que ésta es, desde que nacimos como konpartsa, una de nuestras señas de identidad.


Como nuestro bocata Benavides y sus dátiles del desierto.

1997: Avión gigantesco.

 

Un gran avión militar, de 6 metros de envergadura, planeaba sobre las cabezas de los konpartsaris dentro de la txosna. Su inmenso tamaño, tanto que no salió más que por la ventana, y a cachos, del local donde lo construimos, ya auguraba futuros proyectos faraónicos. Es que somos así, y así seguiremos.


En este segundo año "aparece" la brillantina. Y ni un solo día hasta hoy, y hasta mañana, desaparecerá de nuestras caras, cuerpos y... sábanas.


Los de la Pinpi, para ahora ya primos-hermanos, nos seguirán en este camino "brillantínico".

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